¡¡ENHORABUENA, YA ERES UN MEDIADOR REGISTRADO!! ¿QUIERES MEDIAR? PUES LEE ESTO:

Pues sí, has estudiado tu curso de mediación y has asimilado la teoría, has visto vídeos, asistido a masterclass, incluso has podido ir a sesiones, simuladas o no, de mediación y puedes decir que ya tienes en tu haber los conocimientos y las herramientas necesarias para trabajar en los conflictos en los que vas a tener que intervenir como mediador.

 

Es el momento de encontrar la vía por la que llegar a los posibles clientes que te permitan, a la vez que les ayudas a superar una situación emocionalmente perjudicial para ellos, lograr tu objetivo de trabajar en la mediación, es decir: ser mediador.

 

Si bien es cierto que a nivel institucional y de medios de comunicación, la mediación es una vía de resolución de conflictos cada vez más difundida y promovida -como se puede observar en la Ley de Responsabilidad Civil y de Circulación de Vehículos a Motor, en cuya última reforma se ha introducido la mediación como vía de solución de discrepancias del perjudicado con las aseguradoras-, también lo es que el ciudadano medio aun no conoce del todo bien la existencia de ese profesional, que puede estar justo en el piso de al lado, y que puede ayudarlo a poner fin a situaciones indeseadas en sus relaciones con personas más o menos cercanas.

 

Los automatismos que hemos ido adquiriendo a lo largo de la vida, aprendidos por experiencia propia o por ósmosis de la sociedad, nos impulsan hacia determinadas reacciones cuasiautomáticas ante ciertos estímulos, que suelen conducir a dos personas que están teniendo un problema entre ellas a acudir a medios de solución tradicionales y heterocompositivos, en muchas ocasiones insatisfactorios, al menos para una de las partes.

 

¿Y todo esto qué significa?

 

Pues que la pelota está en el tejado del mediador.

 

Porque, si piensas que -obligaciones administrativas al margen y una vez inscrito en el Registro de Mediadores correspondiente- basta con alquilar un apartamento o local, amueblarlo conforme a los criterios recomendados por la práctica y estudiados a lo largo del curso y sentarte a esperar, los problemas no los van a tener tus clientes, que no van a llegar, sino que los vas a tener tú: Salvo excepciones, la desazón y el tedio van a invadir tu coqueto despacho y no te va a resultar rentable mantenerlo.

 

Y esto es así, te dediques a lo que te dediques, pero con el inconveniente (que a la vez es una ventaja) de que la mediación aún es un campo, como decíamos antes, poco conocido en el día a día de las personas que no están en contacto de una forma u otra con los conflictos de otros. Así que, esa es la primera tarea que deberás hacer. Antes incluso, si me apuras, de crear un espacio donde desarrollar las sesiones de mediación:

 

Informa al prójimo. No dejes de explicar qué es la mediación, qué no es la mediación, cuánto cuesta una sesión, por qué es más barato y satisfactorio acudir a la mediación que enfrascarse en una batalla legal. Ten en cuenta que las personas que lleguen a conocer este sistema de resolución de conflictos, van a hablar de él, casi seguro, a aquéllos que estén inmersos en uno. Y publicítate, claro.

 

Otra tarea que es muy recomendable es apuntarte en una Asociación de mediadores. El mediador, en la situación en la que hoy día se encuentra esta vía alternativa de resolución de conflictos, puede asemejarse a un pionero del oeste americano que, encaramado en el pescante de su carromato arrea a los caballos, en plena carrera para encontrar una fértil parcela en Oklahoma donde instalarse, porque ahora mismo, aunque ya los hay que se encuentran bien posicionados, la mediación es todavía un campo con pocos dueños, pocas firmas, y listo para ser trabajado. Todo esto es mucho más fácil hacerlo en compañía de colegas con los que estar informados (de ida y vuelta), realizar comediaciones, organizar talleres formativos para vosotros mismos o para otros interesados, prestar servicios de mediación a determinados servicios públicos, y formar equipos de trabajo. Es decir, te va a dar la inercia y la perspectiva necesaria para aprender a moverte en un ámbito tan multidisciplinar como este. Y si no tiene la inercia necesaria, créala tú, propón ideas, y procúrate el respaldo para lograr proyectos colectivos que pueden ser una de las mejores formas de darte a conocer y trabajar la mediación. Y publicítate, claro.

 

Si estás colegiado en algún Colegio Profesional u Oficial, infórmate si tiene listado de mediadores, generalmente dotado con un sistema de reparto por turnos. Son bastantes los colegios profesionales y colegios oficiales (especialmente de abogados, educadores sociales y trabajadores sociales) que cuentan con un servicio de mediación y un sistema de reparto por turno de asuntos mediables. Si no estás colegiado hazlo. Y publicítate, claro.

 

Participa en mediación intrajudicial. Algunos Colegios Profesionales e instituciones de mediación, han llegado a acuerdos con los Decanatos de los juzgados de sus respectivos partidos judiciales para prestar un servicio de mediación intrajudicial, bastante activo en el ámbito familiar y laboral. Sí, es cierto que es una prestación gratuita, que supone una descarga de trabajo para los tribunales y una agilización de procedimientos, lo cual a su vez redunda en una mayor justicia para las partes del proceso, pero el mediador no cobra…por ahora, así que hay que estar ahí. Y publicítate.

 

Elabora y participa en proyectos con la Administración o con fundaciones privadas. Estate al tanto de las convocatorias de subvenciones o ayudas a proyectos de carácter social de ámbito local, comarcal o provincial, porque si resulta elegido el tuyo no sólo te puede suponer unos ingresos, sino que también te darás a conocer en el entorno de los usuarios de esos servicios. Además, la presentación de proyectos de este tipo, suele tener éxito con la técnica ensayo-error, así que cuantos más hagas, más aprenderás a hacerlos y mayores posibilidades de ser elegido.

 

Y publicítate.