¿Qué papel ocupan los niños en la mediación familiar?

Según el Consejo General del Poder Judicial el número de disoluciones matrimoniales aumentó el primer cuatrimestre de 2017 un 4,8% respecto a la misma etapa del año anterior. Con motivo de la celebración del Día Internacional del niño el pasado 20 de noviembre y el aumento de separaciones y divorcios en España, parece interesante plantearse el importante papel de los menores en estas situaciones, en la que pueden verse gravemente perjudicados por los problemas de sus progenitores.

En la mediación familiar, los hijos menores de edad poseen un papel principal ya que, durante estos procesos, los mediadores se centran en vigilar y cuidar el bienestar de los más pequeños, velando por ellos y haciendo que los progenitores los tengan presentes en el momento de llegar a un convenio.

A pesar de que cada niño puede asimilar la situación de manera diferente, estas rupturas pueden causar en los hijos e hijas efectos negativos, tales como la sensación de culpabilidad, irritación, preocupación o miedo al rechazo. Si los padres no focalizan correctamente el conflicto matrimonial, absteniéndose de sus propios sentimientos y su posición, pueden llegar a provocar sentimientos negativos en cuanto a la situación familiar del menor como el miedo de perder el contacto con alguno de los cónyuges, soledad o pena por imaginarse a alguno de los integrantes de la pareja fuera del hogar, por lo que la comunicación en estos casos es fundamental.

Es aquí donde radica la importancia de la mediación familiar, basada en el diálogo y la cooperación, para que el matrimonio sea consciente de que los más perjudicados en la separación, divorcio o en la realización de acuerdos, son los hijos. Desde la mediación familiar se promueve la conveniencia de conservar una buena relación parental, más allá de la relación de pareja, siempre basándose en la comunicación y la cesión de herramientas para afrontar problemas futuros.

En cuanto a la inclusión del menor en estas prácticas, encontramos posturas de mediadores favorables y en contra.

Existen aquellos profesionales del sector que defienden el planteamiento de la presencia del niño en la mediación, pudiendo ser beneficioso para ellos conocer las razones de sus progenitores y los acuerdos a los que se llegan, influyendo a que los padres en el cumplimiento de estos, favoreciendo también la presencia de los hijos, el diálogo entre estos. Por otro lado, se brinda la oportunidad al niño de expresar sus deseos y opiniones, fomentando que se le tenga en cuenta.

De igual manera, existen mediadores que opinan lo contrario: la ausencia del menor en los procesos de mediación. Su presencia puede resultarles estresante al ser conscientes del futuro de su relación familiar, conocer la opinión del niño si es menor de 3 años resultaría incoherente o alguno de los progenitores podría estar manipulándolo, entre otros motivos.

De una u otra forma, los menores siempre están presentes en estos procesos, debido a que la mayor parte de asuntos son referidos a ellos. De hecho, existen casos de mediadores que insertan fotografías de los niños para tenerlos de forma presente en las decisiones.

Sin embargo, los pequeños en estos casos no son escuchados. Lo que promueve la mediación es la responsabilidad de los padres de comunicarles la situación y de escuchar las sugerencias y necesidades de sus hijos, lo cual favorecerá el desarrollo de los menores, evitando el sentimiento de miedo y malestar que les puede producir la ruptura de sus progenitores.

Y es que, tal y como afirma Margarita García Tomé, la mediación familiar es una metodología de trabajo propia, que facilita vías de comunicación constructiva para prevenir y gestionar de manera positiva los conflictos o tensiones familiares que ayudará a los miembros de la familia en conflicto a que dialoguen y cooperen para que encuentren por ellos mismos, la mejor manera de solucionar de modo satisfactorio y duradero en el tiempo, el problema que les afecta.